El divorcio de los padres es considerado uno de los causantes de estres de mayor impacto en la vida emocional de un niño, pero el que sea vivido o no en forma traumática depende de cómo los adultos a su alrededor manejen la situación.
El divorcio moviliza enormemente a la pareja, con frecuencia predominan emociones tales como desesperanza, tristeza, frustración, culpa, fracaso, decepción, miedo y resentimiento, facilitando sobrerreacciones, conductas desbordadas y hostiles que transforman el espacio familiar en un campo de batalla, donde el niño con frecuencia es quien pierde más.

